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Una Historia Agradecimiento:
Mi familia no entiende lo que yo conozco, mi madre tiene Alzheimer. Trato de desestrezarme en cursos y gimnasia, pero me estreso más.
Todo se vuelve complejo, difícil, lucho hasta el agotamiento. Busco ayuda en médicos, psiquiatras, neurólogos, psicólogos. No siento que me comprendan, escuchen. Las lecturas, en Internet. No me solucionan nada.
Temo acercarme a la Corporación Alzheimer. tomo el teléfono y un jueves estoy ahí asustada. Es una cita pequeña-
En una sala, un vecino de mi barrio, al que no conozco y que veo pasear con su madre anciana, admirando sus prolongadas caminatas diarias, sin saber que el Alzheimer caminaba con ellos. Me recibe, me acoge, sin sorpresa, sin preguntas. Luego de esa tarde mi corazón se llena de esperanza.
Pero pasa la semana y no quiero regresar, dudo. Al final me obligo y regreso, por días y semanas escucho. Así la reunión de los jueves se transforma en prioridad, pues, adquiero fuerzas para toda la semana. Asisto a charlas: Enfermera, Voluntariado, Medico, Terapeuta Ocupacional, Psicólogo, Nutricionista, Kinesiólogo, Abogado. Empiezo a conocer otra forma de mirar la enfermedad, que permite que se haga más pequeño mi problema. Me recupero lentamente.
Descubro en las voluntarias el cariño gratuito, que la enfermedad tiene formas de presentarse, comunicarse, tiene humor, sueños, recuerdos, vida nueva y que también es una oportunidad. Que las vergüenzas, aprehensiones y los miedos tiene solución, hay manejo de conductas que las voluntarias comparten. Siento que tengo bastones de apoyo. No estoy sola.
Estoy integrándome, armándome como persona y decido empezar mi propia rehabilitación mi refortalezimiento ¿como?, debo compartir el agobio personal que me provoca ésta situación. Me Obligo con disciplina a acudir al psicólogo de la Corporación, con el fin de sobrevivir al estrés personal y familiar. Así encuentro poco a poco las herramientas que descubro ocultas en mí.
A través del refuerzo psicológico especializado, la escucha amorosa y guiada refuerzo mi espíritu, sanándome, para enfrentar la vida, con aceptación tranquila de un hecho circunstancial, como tantos que nos toca vivir y que nos trastoca hasta lo más íntimo. Una vida que se siente prisionera, acabada casi suicida. Así regrese al mundo.
Ahí estuvo el Voluntariado de Corporación, quienes cariñosos me devuelven el sentido de vida, la dignidad, a cambio de verme bien, a mí, mi familia a a mi madre.
Agradezco sus esfuerzos, trabajo y creatividad continua, dedicada y puesta al servicio de los familiares y enfermos de Alzheimer, para que tengamos una vida mas humana, digna y feliz.
Raquel Céspedes Guerrero.
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